Doble Karma

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Adolescentes Fuera de Peso

Fuente: Clarín

SALUD : RELEVAMIENTO EN 600 CHICOS DE ENTRE 13 Y 19 AÑOS

Cuatro de cada diez adolescentes de Capital están fuera de peso

Basados en el Indice de Masa Corporal (IMC), investigadores de una universidad concluyeron que el 30 por ciento tiene problemas de sobrepeso. Y que el 10 por ciento está por debajo del peso recomendado para su edad.

Cuatro de cada diez adolescentes de Capital Federal no tienen el peso saludable para su edad. El desfasaje respecto a los kilos ideales en función de su estatura y su contextura física aparece en ambos extremos de la balanza: por un lado, cerca del 30% tiene sobrepeso; por el otro, un “alarmante” 10% tiene un peso por debajo de lo recomendado y está, según los especialistas, en situación de riesgo alimentario.

Los datos surgen de una investigación realizada en mayo por el Departamento de Investigación Social de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), a cargo de la licenciada Analía Alvarez. El objetivo del estudio fue evaluar la relación de los adolescentes porteños con la alimentación y determinar el porcentaje de chicos y chicas que no tiene el peso saludable para su edad, ajustando luego la mira sobre el segmento de aquellos que, por su bajo peso, tienen o pueden tener problemas clínicos.

“Nos interesaba analizar qué relación tienen los chicos y chicas de la ciudad con la comida y evaluar hasta qué punto esa relación puede estar influenciada o determinada por factores como la baja autoestima, la calidad de las relaciones afectivas y la actividad física extrema o desmedida”, explica Alvarez, quien condujo un equipo que encuestó a 600 chicos y chicas de entre 13 y 19 años de la ciudad de Buenos Aires.

Sus conclusiones arrojan que uno de cada diez adolescentes está por debajo del peso considerado saludable, y que el 26,7% tiene sobrepeso. Lo calcularon en relación a los valores del Indice de Masa Corporal (IMC) recomendados por la Organización Mundial de la Salud. “Nos habíamos propuesto evaluar también si se registraban diferencias estadísticamente significativas entre mujeres y varones. Dividiendo ese dato por género, descubrimos que el problema afecta más a los varones (13%) que a las chicas (6%)”, dice Alvarez.

Sus resultados aseguran que, hoy en día, los trastornos alimentarios se distribuyen en partes iguales entre ambos géneros, y que la preocupación por la estética y la apariencia física dejó de ser patrimonio exclusivo de las mujeres. “Los varones de bajo peso reconocen abiertamente tener problemas de autoestima. En las mujeres, en cambio, esa sensación de inferioridad está más tapada. El factor social y la presión por la delgadez generada por el imaginario social hace que las chicas de bajo peso no reconozcan estar en situación de riesgo, aunque lo estén”, explica.

Los investigadores fueron más allá del peso y del IMC y trataron de bucear en algunos factores que, según coinciden los expertos en trastornos alimentarios, pueden influir al momento de desarrollar una mala relación con la comida y la alimentación. “Nos interesaba mucho ver qué pasaba con las relaciones familiares y analizar el nivel de autoestima que el adolescente percibe de sí mismo”, explican.

El estudio arrojó una estrecha relación entre problemas de alimentación y baja autoestima, sobre todo en aquellos jóvenes con bajo peso. Lo mismo encontraron al indagar sobre la realización de actividades físicas extremas, que asomaron —en general— asociadas a la disconformidad con la imagen corporal (algo que se comprobó tanto en varones como en mujeres).

También encontraron que los sentimientos de soledad, depresión y desgano entre los adolescentes en situación de riesgo alimentario son mucho más frecuentes que entre aquellos que tienen un peso saludable. “Encontramos en el primer grupo mayor inseguridad y muchos más problemas y conflictos en la relación con los padres, hermanos y amigos y en la socialización en general”, dice.

Uno de los resultados que sorprendió a los investigadores es que parte de los adolescentes con peso saludable “presentaba algún signo de trastorno alimentario: o evitan una comida para no engordar, o usan laxantes o diuréticos para bajar de peso, y/o tienen necesidad de vomitar cuando siente que comen de más. Es sorprendente la cantidad de chicos que consideran que los almuerzos y las cenas son horarios críticos para ellos”, cuenta Alvarez.

Y también fueron muchos los que aseguraron “perder siempre el control sobre lo que comen”, los que contaron que “prefieren comer solos”, los que temen engordar, los que confesaron sentir “culpa por comer facturas o chocolates” y los que reconocieron que “hacen dietas estrictas para perder peso, generalmente tomadas de revistas”.

Los expertos que asistieron a la presentación de la investigación de la UCES insistieron en que si bien “nadie come de más ni de menos porque esté de moda” o por el imperio de modelos estéticos que asocian la delgadez a la belleza y al éxito, la cultura no ayuda.

Especialistas en trastornos de alimentación que accedieron al estudio lo consideraron “serio” y muy útil a los fines de generar campañas de prevención. “Me parece muy importante que desde un claustro universitario empiecen a alumbrar estas tendencias y problemas, porque ayuda a prevenir y a evitar la difusión de patología”, comentó a Clarín Amanda López Molina, presidenta de FUMTADIP (Fundación para la Mujer y los Trastornos Alimentarios, Docencia, Investigación y Prevención), un centro especializado en el tratamiento de estas enfermedades.

Para López Molina, estos datos denuncian una urgente necesidad de implementar campañas de prevención: “Hay que ayudar a los jóvenes a discernir y a diferenciarse. Tenemos que promover otras subjetividades y otros modelos de belleza”.

Alerta dentro y fuera de casa

Las encuestas sirven muchas veces para sacar radiografías y hacer diagnósticos. La que se publica hoy acá tal vez ayude entonces a reorientar la planificación alimentaria dentro de casa, lejos de la hipnosis televisiva entre plato y plato. Pero también debe encender las luces de alerta en el sistema de salud actual, que aún mira con desatención los problemas que ocasiona la anorexia y la obesidad: sus tratamientos, por ejemplo, no figuran en los planes médicos obligatorios.

Los varones y la autoestima

Uno de los datos que más sorprendió a los expertos que accedieron al estudio fue el que involucra a los varones. “Nos llamó la atención el porcentaje de chicos con bajo peso y cuán ligada a su autoestima están el peso y la apariencia física”, dijo Amanda López Molina. “Las cuestiones de peso suelen esconder cosas pesadas. No hay que caer en el simplismo de reducir todo a la comida ni subestimar conductas que pueden indicar un trastorno. No todo el que está a dieta o cuida mucho su cuerpo tiene una patología alimentaria (deben darse otros factores), pero nuestro vínculo con la comida y con la alimentación expresa cosas que es mejor atender y escuchar”, destacó.

Información adicional:

Obesidad en niños y adolescentes (aacap)

Epidemiología de obesidad en niños y adolescentes

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